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¿Cómo mejorar la evaluación en el aula? Reflexiones y propuestas de trabajo para docentes


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Este libro ha sido escrito pensando principalmente en los docentes de la región, maestros y profesores de educación primaria y media, si bien puede resultar de interés también para docentes universitarios. Nuestra intención ha sido construir una herramienta de trabajo que ayude a los colegas docentes a reflexionar, revisar y mejorar sus formas de evaluar a los estudiantes. Pretende ser un aporte para el trabajo en el aula en los temas de evaluación. También ha sido pensado como una herramienta para quienes tienen a su cargo la formación de docentes, tanto la inicial como la formación en servicio. Querríamos, además, que el libro sirviese para sensibilizar a decisores de políticas educativas en torno a la importancia de la evaluación en el aula y a la necesidad de construir condiciones que hagan posible un trabajo docente más profesional, colaborativo e innovador.
Modificar las formas de “hacer las cosas” en el aula requiere una cierta dosis de humildad. La invitación al lector de este libro es a que ponga en cuestión por un momento la forma en que lleva adelante sus tareas en el aula, a partir de una mirada reflexiva sobre sus propias evaluaciones. Para ayudarle, nos proponemos abrir varias ventanas hacia aspectos de la evaluación en el aula que, a partir de nuestra experiencia, de nuestras investigaciones y de nuestro intercambio con colegas docentes, creemos que podrían hacerse mejor. Seguramente, en función de la diversidad de trayectorias, formación y experiencia acumulada, cada lector encontrará aspectos distintos para revisar y mejorar.
Para la redacción de este libro empleamos cuatro fuentes principales. En primer lugar, nuestros trabajos de investigación sobre la evaluación en el aula, realizados en varios países de América Latina. En segundo lugar, nuestras lecturas sobre el tema. En tercer lugar, la experiencia de muchos docentes con los que hemos tenido la oportunidad de interactuar en el marco de cursos y talleres. Finalmente, nuestra propia experiencia como docentes, en la que nos enfrentamos, a la hora de evaluar, a los mismos dilemas e incertidumbres que el resto de los colegas.
En función de esta variedad de fuentes, este libro no es un manual de evaluación, ni un libro de teoría de la evaluación, ni un informe de investigación, pero tiene algo de cada uno de ellos. A lo largo del mismo el lector encontrará reflexiones y análisis conceptuales sobre la evaluación, resultados de los trabajos de investigación realizados por los autores en torno a la evaluación en el aula en la región, aportes de trabajos sobre la enseñanza y la evaluación realizados en distintos países y, en cada capítulo, sugerencias y pistas de trabajo concretas, así como experiencias innovadoras realizadas por otros docentes.
El libro ha sido escrito en Uruguay (por lo que tiene referencias a la realidad educativa en nuestro país), pero pensando en los colegas de toda América Latina, cuyas experiencias hemos recogido y con quienes hemos tenido múltiples instancias de intercambio. Deliberadamente lo hemos escrito en primera persona del plural, porque si bien en este momento no ejercemos la docencia directa, lo hemos hecho durante casi toda nuestra carrera, en los niveles primario y medio al comienzo, y en la formación de docentes en el nivel terciario hasta hace pocos años. Por eso nos sentimos involucrados y compartimos las dificultades y perplejidades que todo docente tiene en el momento de evaluar.
Un libro refleja siempre la historia intelectual y personal de sus autores, sus inquietudes y preocupaciones. El contenido de este libro se explica en buena parte por una larga historia compartida entre los autores, trabajando juntos en los temas y problemas de la evaluación educativa. Los azares de la vida hicieron que nos encontrásemos hace ya más de 20 años, a mediados de 1995, en la Unidad de Medición de Resultados Educativos, en Uruguay. Cada uno de nosotros venía de una experiencia diferente. No nos conocíamos con anterioridad. Los tres habíamos trabajado como docentes en el aula. En ese año nos tocó trabajar juntos (y con un equipo más amplio y de excelentes personas y profesionales), para organizar la primera evaluación censal de aprendizajes en 6º de educación primaria en Uruguay, que tuvo lugar a fines de 1996.
Nuestra preocupación central en aquel momento era que dicha evaluación fuese de alguna utilidad para los maestros y maestras. Veíamos como inconveniente y equivocado el modelo de pruebas orientadas a la publicación de rankings de escuelas que, desde Chile, en ese momento era una fuerte referencia en la región. Optamos por construir un modelo enfocado en la devolución de información a escuelas y docentes. Sus pilares principales fueron la confidencialidad de los resultados de cada escuela, la consideración del contexto sociocultural en el análisis de los mismos, el foco en pruebas que fuesen relevantes desde una perspectiva pedagógica, el análisis didáctico de los resultados y la realización, a partir de los mismos, de un programa de formación en servicio para los docentes de las escuelas de contextos desfavorecidos, que incluía una remuneración a los docentes por su trabajo adicional fuera del aula. En los años siguientes impulsamos otras experiencias de evaluación innovadoras.
Luego de trabajar durante muchos años en evaluaciones a gran escala -y sin dejar de hacerlo-, en el año 2008 tuvimos la oportunidad, gracias a la iniciativa e invitación de Patricia Arregui, que en ese momento lideraba el Grupo de Trabajo sobre Estándares y Evaluación, de llevar adelante una investigación sobre las evaluaciones que tienen lugar dentro de las aulas. Su preocupación era justamente que, mientras en nuestros países se invierte una gran cantidad de dinero, tiempo y energía en las evaluaciones a gran escala, nadie observa lo que ocurre con la evaluación dentro de las aulas. Hicimos ese trabajo desde el Instituto de Evaluación Educativa creado en 2007 en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica del Uruguay. La investigación se enfocó en las concepciones y prácticas de evaluación en Lenguaje y Matemática en 6º de Primaria e incluyó escuelas y maestros de ocho países de la región. El propósito principal fue conocer cómo los docentes conciben y realizan la evaluación de sus estudiantes, a través de entrevistas en profundidad y del registro y estudio de las propuestas de evaluación que utilizan (pruebas, ejercicios, exámenes, talleres). En el año 2012 tuvimos la oportunidad de realizar una segunda investigación, replicando la anterior, pero esta vez en 3º de secundaria básica y en materias vinculadas con las Ciencias Naturales (Biología, Física y Química). Esta segunda investigación, que contó con la participación de Julia Leymonié, Jennifer Viñas y Carmen Haretche, fue realizada en Cali, Lima, Montevideo y Santiago de Chile, en el marco del Fondo de Investigaciones Educativas (FIE) de PREAL.
Estas investigaciones nos hicieron re-conocer, volver a conocer, la importancia de la evaluación en el aula y el desafío que ella implica para los docentes. Nos hizo volver a centrar nuestras preocupaciones en el aula. Las características de las investigaciones realizadas y algunos de sus principales hallazgos se presentan a lo largo del libro.
A partir del primer estudio (2008), se fueron sucediendo una serie de talleres y presentaciones de los resultados en las Ciudades de Guatemala, Panamá y México, en Lima, Piura, Cali, Aguascalientes, Montevideo, Buenos Aires, Santo Domingo y San José de Costa Rica. En todas estas instancias tuvimos la oportunidad de profundizar en el intercambio con docentes y en nuestra comprensión de la problemática y las prácticas de evaluación en la región. A partir de la presentación y discusión de nuestros principales hallazgos, los fuimos revisando y re-significando, gracias a las perspectivas de los diferentes actores.
Como resultado casi natural de la experiencia antes relatada, en el año 2009 creamos el Diploma en Evaluación de Aprendizajes, que aún se continúa ofreciendo en la UCU. Se trata de una propuesta de posgrado para docentes en actividad, de carácter semipresencial y de un año de duración. En el marco de la misma los docentes participantes tienen la oportunidad de revisar sus prácticas y herramientas de evaluación en forma colaborativa con los docentes del curso y con otros colegas. Durante los años 2011 y 2012 se ofreció una edición especial de este Diploma en Panamá, a través del Servicio Nacional de Ciencia y Tecnología (SENACYT) de ese país. Estas experiencias fueron sumamente enriquecedoras para nosotros, por la oportunidad que significaron para intercambiar miradas y experiencias sobre la evaluación con una gran cantidad de docentes de todos los niveles de enseñanza. Este libro es fruto de esta historia. A lo largo del mismo presentamos en forma organizada elementos y reflexiones conceptuales sobre la evaluación, evidencia empírica sobre los enfoques y prácticas de evaluación de los docentes de la región y propuestas concretas para trabajar en equipo en la revisión y mejora de dichas prácticas.
En el capítulo 1 hacemos una primera aproximación conceptual al tema de la evaluación en el aula y a las dificultades para modificar las prácticas de enseñanza. Describimos, además, los trabajos de investigación que sustentan el libro, cuyos principales resultados se incluyen luego en los diferentes capítulos.
El capítulo 2 está dedicado al análisis de los procesos cognitivos involucrados en las tareas de evaluación. La pregunta central para el lector en este capítulo es: ¿qué requiere de mis estudiantes responder a las pruebas y a otras actividades de evaluación que les propongo? A lo largo del mismo se desarrolla una herramienta para analizar los componentes centrales de una actividad de evaluación y los diversos procesos de pensamiento que están involucrados en la resolución de las mismas. Se analizan las diferencias entre aprendizaje superficial y aprendizaje en profundidad, así como diferentes caminos para avanzar de una enseñanza orientada a la memorización y reproducción de contenidos y procedimientos, hacia una enseñanza orientada a la comprensión y la reflexión.
El capítulo 3 desarrolla una propuesta de evaluación y enseñanza a través de situaciones auténticas. Estas implican colocar los contenidos que enseñamos en el marco de un contexto que se asemeje a la forma en que el conocimiento es construido y utilizado en las diferentes disciplinas y en la vida social. La pregunta central para el lector en este capítulo es: ¿en qué medida presento a mis estudiantes los contenidos del programa de una manera que los vincule con las situaciones reales en las que dichos contenidos son relevantes y con las formas de producción de conocimiento propias de la disciplina en cuestión? En este capítulo el lector encontrará pistas de trabajo para transformar las pruebas y escritos que se utilizan habitualmente, en situaciones más ricas, motivadoras y desafiantes para los estudiantes. A lo largo del capítulo se analiza el concepto de evaluación auténtica y se muestran experiencias desarrolladas para el aula por docentes de educación primaria y media.
El capítulo 4 se enfoca en las prácticas de evaluación formativa. Este tema involucra una de las principales contradicciones en que incurrimos la gran mayoría de los docentes: enfatizamos la importancia de la evaluación formativa pero en la práctica pasamos la mayor parte del tiempo dando calificaciones o señalando errores en los trabajos de nuestros estudiantes. La pregunta central para el lector en este capítulo es: ¿qué tan incorporadas están en mi trabajo cotidiano en el aula las prácticas orientadas a realizar devoluciones a los estudiantes que les permitan reflexionar sobre lo que están aprendiendo? El capítulo enfatiza la necesidad de diferenciar las evaluaciones que tienen por finalidad calificar a los estudiantes, de las instancias y acciones de evaluación orientadas a apoyarlos en el proceso de aprendizaje. Se trabaja especialmente el conceptos de “devolución” y se ofrecen pistas de trabajo para incorporar la evaluación formativa al trabajo cotidiano, analizando las maneras de formular preguntas en clase y los modos de corregir y devolver trabajos y pruebas. Se ofrecen además sugerencias para promover de manera efectiva instancias de auto-evaluación y co-evaluación.
El capítulo 5 está destinado a analizar los criterios y procedimientos a través de los cuales calificamos a nuestros estudiantes. Dos son las preguntas centrales para el lector en este capítulo: i) ¿qué tan claros son para mis estudiantes los criterios y procedimientos que utilizo para calificarlos?; y, ii) ¿qué evidencias reciben sobre lo que aprendieron y saben hacer a partir de las calificaciones que les damos? A lo largo de este capítulo se analizan los reglamentos de evaluación vigentes en varios países de la región y el modo en que estos determinan un conjunto de prácticas de calificación cuya consecuencia principal es generar una cultura en la que los estudiantes están más orientados a las calificaciones que al aprendizaje. El capítulo analiza cómo aquellas -y su consecuencia directa, la reprobación de cursos- son un elemento constitutivo del modelo escolar propio de la sociedad industrial, a partir de lo cual se plantea la necesidad de pensar en un modelo alternativo. El capítulo se cierra con un conjunto de sugerencias para mejorar la forma en que manejamos las calificaciones en nuestros cursos.
Los capítulos 2 al 5 se cierran con un conjunto de pistas para el trabajo en los centros educativos, en torno a la mejora de las prácticas de evaluación relacionadas con el tema foco de cada capítulo. En los capítulos 4 y 5 se presentan las “rúbricas”, en tanto herramientas útiles para la evaluación formativa (en el capítulo 4) y para la definición y comunicación de calificaciones (en el capítulo 5).
Solo nos queda invitar a los lectores a trabajar con otros colegas para continuar mejorando sus prácticas y propuestas de evaluación. Nuestra intención es realizar un aporte que, ojalá, ayude a cada lector a pensar en sus evaluaciones y en cómo podría mejorarlas. No tenemos ninguna pretensión de establecer un enfoque “fundacional” sobre la evaluación, ni proponer que habría que cambiar todo para evaluar bien, ni establecer una nueva “moda”. Creemos que no hay un único y mejor modo de evaluar. Hay variedad de enfoques, que siempre son mejorables. Cada docente va construyendo su modo de actuar en este terreno a lo largo de su carrera. Para algunos, las propuestas incluidas en este libro servirán para dar un paso más en un camino ya iniciado. Para otros implicará revisar en profundidad rutinas y prácticas arraigadas a lo largo de mucho tiempo. La única sugerencia que podemos dar es animar a probar cambios concretos, apoyándose en algunas de las pistas de trabajo propuestas a lo largo del libro, sin pretender modificar de un día para otro lo que se viene haciendo. Como dice un antiguo refrán chino: “un camino de mil kilómetros comienza con un paso”.
Esperamos que el texto contribuya a motivar a los lectores para ensayar nuevas formas de evaluar y de enseñar. Para algunos el desafío será más grande, para otros se tratará simplemente de avanzar en un camino en el que ya están trabajando. Si cada lector intenta introducir alguna innovación en sus clases, escribir este libro habrá valido la pena.

Reseña: https://www.aprendizajesclave.sep.gob.mx


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