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Hugo Zemelman: La labor del maestro — formar y formarse | Resumen completo para docentes

octubre 12, 2026

¿Eres maestro o ejecutor de programas? Esa pregunta, incómoda y necesaria, es la que atraviesa “La labor del maestro: formar y formarse”, el libro de Hugo Zemelman y Marcela Gómez Sollano (con Pilar Aylwin y Josefina Granja). En el episodio más reciente de la serie de libros para docentes te cuento el libro completo, sin leerlo, sin resumirlo de manera mecánica: te lo explico para que lo entiendas de verdad y, sobre todo, para que lo puedas usar el lunes en tu salón.

Este es el quinto episodio de la serie. Ya pasamos por Pedagogía del Oprimido, Experiencia y Educación de Dewey, el currículo de Finlandia y Pedagogía de la Autonomía. Y este libro no es la excepción: no hay teoría lejana, hay un espejo para tu práctica. Porque cuando Zemelman dice “si tú no construyes, otros construyen por ti”, no está hablando de política abstracta, está hablando de lo que pasa todos los días en tu aula.

El libro que te pregunta quién eres

Cuatro voces, un solo hilo: Zemelman, Gómez Sollano, Aylwin y Granja escriben juntos un texto que no busca darte recetas, sino devolverte una pregunta. La labor del maestro no es solo formar a otros: es formarse a uno mismo en el mismo acto. Si enseñas y no te transformas, algo se está quedando a medias. Y eso, queramos o no, se nota en el salón.

Saber no es pensar

Este es uno de los planteamientos más fuertes del libro. Puedes tener el programa, la planeación, el diagnóstico, los materiales y hasta el examen listo, y aun así no estar pensando. Saber es acumular información; pensar es colocarse frente a la realidad. Y la realidad, dice Zemelman, está dándose: no es un objeto terminado que ya está ahí esperando a que lo describas, es algo que se está construyendo ahora mismo, contigo o sin ti.

Por eso la clave de la enseñanza es problematizar. No entregar la respuesta, sino construir la pregunta. No llenar el espacio vacío del alumno, sino ayudarle a mirar lo que nadie le ha enseñado a mirar.

La lección de las pandillas chilenas

Zemelman no escribía desde el escritorio. Su trabajo con pandillas juveniles en Chile le enseñó que los procesos sociales no se entienden desde el concepto, se entienden desde el microespacio. Ahí donde ocurre la vida cotidiana, donde se construye la historia sin que nadie lo note. Tu salón es uno de esos microespacios. Treinta conciencias por grupo, treinta formas distintas de estar frente al mundo, y un piso de siglo y medio de historia acumulada en cada una.

El obstáculo más grande no es la ignorancia: es lo obvio. Eso que damos por sentado, que “siempre se ha hecho así”, que ni siquiera cuestionamos. La burocracia, la inercia, la costumbre. Y contra eso, el libro propone lo contrario: trabajar con las condiciones de posibilidad, no con las carencias. No lo que falta, sino lo que se puede construir con lo que hay.

Enseñas lo que eres

Aquí viene el golpe directo: el currículum oculto no es un concepto académico, es tu persona. Enseñas lo que eres, incluso cuando no estás enseñando. Y por eso la formación docente no puede quedarse en bibliomanía —leer por leer, acumular títulos, correr de curso en curso— sino que tiene que ser autorreflexión. Preguntarte qué haces, por qué lo haces y qué pasa con los demás cuando lo haces.

La didáctica, dice Zemelman, es el nivel más hondo de todo esto. No es la técnica, es la decisión de cómo te paras frente al conocimiento y frente a tus alumnos. Y la persona es una constelación de facultades: no solo la razón, también la intuición, la afectividad, la corporalidad, la imaginación, la memoria. Cuando le hablas solo al hemisferio racional, dejas fuera a la persona completa.

La utopía como resorte

Contra la fragmentación que nos impone el sistema —materias separadas, horarios cortados, tiempos medidos—, Zemelman propone recuperar la utopía, pero no como sueño romántico, sino como resorte concreto. La utopía como lo que tensa el presente hacia algo mejor. Nada se agota en sí mismo: ni una clase, ni un alumno, ni tú.

Cinco gestos para el lunes

El video cierra con cinco gestos concretos, aplicables desde el próximo lunes. No son recetas, son movimientos:

  • Problematizar: en vez de abrir con la definición, abre con la pregunta que incomoda.
  • Cazar tu inercia: detecta esa rutina que repites sin pensarla y hazle una modificación.
  • Hablarle a otra facultad: si siempre apelas a la razón, apela también a la emoción, al cuerpo, a la imaginación.
  • La autorreflexión escrita: cinco minutos al final del día sobre qué hiciste, qué sentiste, qué se puede cambiar.
  • Mirar al alumno como constelación: no como el que “no sabe”, sino como el que trae una historia y múltiples facultades.

Y de fondo, la necesidad de conciencia: si tú no construyes, otros construyen por ti. La historia no es una providencia generosa: es muy exigente. Y la labor del maestro, esa que formamos y nos forma, es el lugar donde esa exigencia se vuelve día a día, aula por aula, alumno por alumno.

Ahora te toca a ti: de los cinco gestos del lunes, ¿cuál vas a probar primero: problematizar, cazar tu inercia, hablarle a otra facultad, la autorreflexión escrita o mirar al alumno como constelación? Cuéntamelo en los comentarios del video y no te pierdas la serie completa de Teorías del Aprendizaje. Mira el video completo aquí y suscríbete al canal para que no se te escape el siguiente episodio. Aquí no hay teoría lejana: hay un espejo para tu práctica. 👩🏫📚

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