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Estilos de aprendizaje: el mito de visual, auditivo y kinestésico (lo que todo docente debe saber)

octubre 25, 2026

Hola, colegas. Soy Alex Duve y hoy quiero hablarles de un tema que seguro han escuchado en consejos técnicos, cursos, capacitaciones y hasta en pláticas de café: los famosos estilos de aprendizaje. Seguramente les han dicho que hay estudiantes visuales, auditivos y kinestésicos, y que debemos adaptar nuestras clases para cada uno. La intención es buena, pero la evidencia científica no respalda esa idea. En este video les explico por qué los estilos de aprendizaje son un mito y qué podemos hacer en su lugar para realmente ayudar a nuestros alumnos a aprender mejor.

¿Qué son los estilos de aprendizaje y por qué se popularizaron?

La teoría de los estilos de aprendizaje, especialmente la que divide a los estudiantes en visuales, auditivos y kinestésicos, se popularizó en el ámbito educativo desde hace varias décadas. La lógica parece sencilla: si un alumno aprende mejor viendo imágenes, otra escuchando y otro moviéndose, entonces lo ideal sería enseñarles de acuerdo con su estilo predominante. Suena atractivo, ¿no? El problema es que, aunque la idea es intuitiva y hasta romántica, no ha logrado sostenerse cuando la sometemos a pruebas rigurosas.

En el video les cuento que numerous estudios han buscado comprobar si los estudiantes aprenden más cuando se les enseña de acuerdo con su estilo de aprendizaje. Los resultados, en general, no muestran que esto funcione. Es decir, no hay evidencia sólida de que un alumno etiquetado como “visual” aprenda mejor con material visual que con material auditivo o kinestésico. Lo que sí sabemos es que todos aprendemos mejor cuando la información se presenta de diversas formas, con apoyos visuales, explicaciones orales, actividades prácticas y oportunidades de movimiento.

El problema de etiquetar a los estudiantes

Cuando etiquetamos a un niño como “visual” o “kinestésico”, corremos varios riesgos. Primero, podemos limitar sus oportunidades de aprendizaje al reducir la variedad de estímulos que le ofrecemos. Segundo, podemos generar expectativas que no se basan en evidencia y que, sin querer, encasillan al alumno. Tercero, podemos gastar tiempo y recursos valiosos en adaptar materiales a un estilo que, en realidad, no existe como categoría fija y determinante.

Además, la mayoría de los cuestionarios que se usan para identificar estilos de aprendizaje son poco confiables. Muchas veces las respuestas cambian según el estado de ánimo, el contexto o la materia. ¿Ustedes han visto que un mismo alumno puede ser “visual” en Ciencias y “kinestésico” en Educación Física? Claro, porque el aprendizaje no funciona con una sola etiqueta. Nuestro cerebro es plástico y flexible; aprende a partir de múltiples canales sensoriales y de la combinación de experiencias.

¿Qué dice la evidencia sobre el aprendizaje multimodal?

La buena noticia es que la evidencia sí nos da pistas claras sobre qué funciona. En lugar de enfocarnos en estilos de aprendizaje, conviene diseñar experiencias multimodales. Esto significa presentar la información de diferentes maneras, usar ejemplos visuales, explicaciones claras, actividades prácticas, movimiento, discusión y reflexión. No se trata de elegir un solo canal, sino de combinar varios para que todos los estudiantes tengan múltiples oportunidades de comprender y aplicar lo aprendido.

En el video comparto algunas ideas concretas que podemos aplicar en el aula, por ejemplo:

  • Incluir apoyos visuales como esquemas, mapas, imágenes y videos, pero acompañados siempre de explicación y preguntas.
  • Propiciar la escucha activa con explicaciones breves, preguntas detonadoras y espacios de discusión entre pares.
  • Incorporar actividades kinestésicas, manipulables, experimentos, dramatizaciones o recorridos, no porque haya “alumnos kinestésicos”, sino porque el movimiento y la experiencia directa benefician a todos.
  • Enseñar estrategias de estudio eficaces: práctica de recuperación, espaciado, autoevaluación y conexión con conocimientos previos.
  • Dar retroalimentación oportuna y frecuente, en lugar de enfocarnos en etiquetas de estilo.

¿Por qué sigue vivo el mito?

Los mitos educativos persisten porque se transmiten de generación en generación, porque suenan plausibles y porque a veces son difíciles de refutar sin evidencia. También porque muchos cursos, libros y materiales los repiten sin revisar las fuentes. Pero como docentes profesionales, tenemos la responsabilidad de preguntarnos: ¿esto que estoy aplicando tiene sustento? ¿Estoy realmente ayudando a mis estudiantes o solo cumpliendo con una moda pedagógica? La respuesta informada nos invita a dejar de lado la etiqueta y a enfocarnos en prácticas eficaces.

¿Qué podemos hacer mañana en el salón de clases?

Mi invitación es a que revisen sus planeaciones y se pregunten si están ofreciendo variedad de experiencias de aprendizaje. No necesitamos eliminar lo visual, lo auditivo o lo kinestésico; al contrario, necesitamos integrarlos. La clave está en la diversidad de formatos, la claridad de los objetivos, la práctica activa y la evaluación formativa. Y sobre todo, en conocer a nuestros alumnos no para etiquetarlos, sino para acompañarlos con estrategias que les sirvan a todos.

En el video les comparto más detalles y ejemplos prácticos para que puedan llevar esta idea a su aula. Recuerden que la educación basada en evidencia no es fría ni complicada; es una forma de tomar decisiones profesionales y de dar a nuestros estudiantes lo que realmente necesitan para aprender.

🔗 Recursos del video

Te invito a ver el video completo en mi canal de YouTube, donde explico este tema de manera breve y directa. Y si aún no estás suscrito, ¡suscríbete y activa la campanita! Ahí encontrarás más contenido para docentes que buscan mejorar su práctica con estrategias claras, basadas en evidencia y con un toque cercano. ¡Nos vemos en el siguiente video, colegas!

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