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El castigo sí funciona… pero ¿para quién? Reflexión para docentes mexicanos

octubre 20, 2026

Hola, compañera, compañero docente. Hoy quiero compartirte una reflexión que, aunque viene en formato corto, nos deja una pregunta enorme para nuestro trabajo diario en el salón de clases. En el video “El castigo sí funciona: el problema es para quién”, del canal de Alex Duve, se aborda una idea que muchas veces evitamos mirar de frente: el castigo puede parecer eficaz, pero no siempre funciona para quien creemos que está funcionando.

A primera vista, el castigo “funciona”. Si un alumno llega tarde, si no trae tarea, si interrumpe la clase o si no respeta un acuerdo, aplicar una sanción puede lograr que la conducta se detenga por un momento. El grupo se calla, el estudiante se sienta, la clase continúa. Y entonces podemos pensar: “ya funcionó”. Pero la pregunta que nos propone el video es mucho más incómoda: ¿funcionó para quién? ¿Funcionó para el alumno o solamente para el adulto que necesitaba recuperar el control inmediato del grupo?

¿De qué habla el video?

Este Short nos invita a repensar la relación entre disciplina, castigo y aprendizaje. La idea central es que el castigo sí puede cumplir una función: lograr obediencia a corto plazo, reducir una conducta en el momento o recordar que hay normas. Sin embargo, el problema aparece cuando confundimos obediencia con educación, o cuando creemos que porque un niño se quedó callado ya aprendió algo. El castigo suele funcionar para el docente que necesita orden, para la escuela que quiere mostrar control o para el sistema que exige resultados rápidos. Pero no necesariamente funciona para el estudiante, porque no le enseña a comprender la norma, a regular sus emociones, a reparar el daño o a tomar mejores decisiones la próxima vez.

En el salón de clases mexicano vivimos esto todos los días. Hay grupos con muchas necesidades, contextos complicados, jornadas largas y presiones por cubrir contenidos. En ese escenario, el castigo se vuelve una salida rápida. Y sí, a veces parece que funciona. Pero cuando lo usamos como única herramienta, corremos el riesgo de ganar silencio hoy y perder confianza mañana. El alumno puede dejar de portarse “mal” por miedo, pero también puede dejar de participar, de preguntar, de mostrarse. Y eso, en términos educativos, es un costo altísimo.

El castigo sí funciona, pero no siempre para el alumno

Cuando hablamos de castigo no solo pensamos en reglazos, gritos o sanciones extremas. También hay castigos más “suaves” que se normalizan: dejar sin recreo, sacar del salón, poner copias de castigo, exhibir al alumno, bajar puntos por conducta o mandar reporte sin diálogo. Algunos de estos recursos pueden ser necesarios como consecuencia ante una falta grave, pero el problema aparece cuando se usan de forma automática, sin explicación, sin contexto y sin acompañamiento. Ahí el castigo deja de ser una oportunidad formativa y se convierte en un mecanismo para controlar personas.

  • Para el adulto: el castigo funciona porque da resultados rápidos, reduce la sensación de descontrol y permite continuar con la clase.
  • Para el alumno: el castigo rara vez funciona si lo que buscamos es que aprenda a autorregularse, que entienda el sentido de la norma o que repare el daño causado.
  • Para el grupo: el castigo puede generar un ambiente de miedo, competencia o desconfianza; los estudiantes aprenden a no ser vistos, más que a convivir mejor.
  • Para la escuela: el castigo puede dar la apariencia de orden, pero no resuelve el fondo de los conflictos ni forma ciudadanía.

Por eso la frase del video es tan potente: el castigo sí funciona, pero el problema es para quién. Si solo funciona para que yo como docente tenga el salón quieto, pero no para que mi alumno aprenda a convivir, entonces no estoy educando: estoy administrando el miedo. Y eso no es lo que queremos construir en nuestras aulas.

Castigo, disciplina y consecuencias: no es lo mismo

Una de las confusiones más comunes es pensar que si no castigamos, entonces no hay disciplina. Falso. La disciplina no es sinónimo de castigo. La disciplina tiene que ver con acuerdos claros, rutinas, límites justos, seguimiento y coherencia. Una consecuencia puede ser formativa cuando se explica, cuando es proporcional a la conducta y cuando busca reparar o aprender algo. En cambio, el castigo suele estar cargado de enojo, humillación o poder, y muchas veces no tiene relación lógica con lo que ocurrió.

Por ejemplo, si un alumno no trae la tarea, una consecuencia lógica puede ser revisar juntos qué le impidió hacerla, acordar un tiempo para completarla o involucrar a la familia si es necesario. Un castigo sería dejarlo sin recreo sin explicarle nada o ponerlo a copiar cien veces “debo traer tarea”. La primera opción enseña responsabilidad; la segunda solo enseña que la escuela castiga. Y sí, la segunda parece funcionar más rápido, pero ¿para quién está funcionando realmente?

¿Qué podemos hacer en el salón para no caer solo en el castigo?

No se trata de ser blandos ni de permitir que el salón se desborde. Se trata de ser adultos firmes, pero también conscientes de nuestro papel formativo. Podemos empezar por revisar nuestras prácticas y preguntarnos: ¿esta sanción enseña algo?, ¿es proporcional?, ¿respeta la dignidad del alumno?, ¿me ayuda a construir un mejor clima de aula o solo a desahogar mi frustración?

  • Establece acuerdos claros desde el inicio: que los estudiantes sepan qué se
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