Maestra, maestro, compañero docente: si hay un término que suena bonito pero que a veces se nos va de las manos es el de pensamiento crítico. En cuanto lo escuchamos, nos imaginamos a nuestros alumnos debatiendo, levantando la mano, opinando con soltura, incluso "defendiendo" un punto de vista como si estuvieran en un debate presidencial. Pero el Plan de Estudio 2022 nos aclara algo importante: el pensamiento crítico como eje articulador no se trata de enseñar a debatir ni a opinar por opinar.
Y no lo digo yo: lo dice el propio Plan. En el apartado 8.1.2, dedicado al pensamiento crítico, el documento lo define textualmente como "la recuperación del otro desde la diversidad". ¿Te das cuenta? No es una habilidad individual de argumentación, sino una postura ética y colectiva. Se trata de mirar al otro, de reconocerlo, de escucharlo y de entender que la diversidad no es un obstáculo, sino el punto de partida.
¿Y qué tiene que ver con el diálogo?
El Plan le pone una condición a esta recuperación del otro: que las relaciones estén basadas en el diálogo. No en el monólogo, no en el gane-pierde, no en imponer la razón del más fuerte. Hablamos de un diálogo donde niñas, niños y adolescentes puedan interrogar al mundo y también oponerse a la injusticia, la desigualdad, el racismo, el machismo, la homofobia y todas esas formas que excluyen e invisibilizan a las personas.
Además, el documento lanza una frase que me parece clave para nuestro trabajo en el aula: muchas de esas exclusiones "pasan inadvertidas por considerarse normales, pero en realidad son construcciones históricas". O sea, lo que muchas veces vemos como "natural" o "así son las cosas" es, en realidad, producto de decisiones, discursos y prácticas que se han repetido durante siglos. Y aquí es donde entra el papel del docente.
El papel del docente: no que opinen más, sino que pregunten más
Quizá durante mucho tiempo pensamos que formar estudiantes críticos significaba lograr que tuvieran una opinión sobre todo. Pero el Plan nos invita a dar un paso más profundo: que aprendan a preguntar por qué algo que parece normal dejó de notarse. Esa es una de las tareas más potentes que tenemos: desnaturalizar lo que parece evidente y ayudarles a ver que muchas "realidades" son construcciones que pueden cuestionarse y transformarse.
Esto cambia la forma en que planeamos nuestras clases. No se trata solo de organizar un debate para ver quién habla mejor, sino de generar experiencias donde los estudiantes se encuentren con otras perspectivas, con personas distintas, con formas de vida diversas, y desde ahí construyan preguntas incómodas, necesarias y transformadoras.
- Antes: pensábamos que pensamiento crítico era sinónimo de debatir y argumentar sin escuchar.
- Ahora: entendemos que es recuperar al otro desde la diversidad y desde el diálogo.
- Antes: buscábamos alumnos que opinaran sobre todo.
- Ahora: buscamos alumnos que se pregunten por qué lo "normal" se volvió normal.
- Antes: la crítica era individual y muchas veces competitiva.
- Ahora: la crítica es colectiva, histórica y profundamente ética.
El pensamiento crítico también es amor al conocimiento
Hay una línea de este apartado que se lee muy poco y que me parece fundamental. Dice que el pensamiento crítico también sirve para valorar el conocimiento, buscarlo y quererlo. Y aclara algo hermoso: no por los beneficios que se puedan obtener a cambio de él, sino por lo que aporta para dar sentido a la vida propia y a la comunidad.
Ahí está el verdadero reto. No estamos formando estudiantes que repiten datos para un examen, ni personas que solo quieren saber "para algo" medible. Estamos formando seres humanos capaces de encontrar en el conocimiento una herramienta para comprenderse a sí mismos, para entender su comunidad y para darle sentido a su existencia. Eso es mucho más profundo que una rúbrica de participación en un debate.
Como docentes mexicanos, sabemos que la Nueva Escuela Mexicana nos pide mirar la educación desde una perspectiva humanista y comunitaria. Este eje articulador del pensamiento crítico no es la excepción. Nos invita a repensar nuestras prácticas, a diseñar situaciones de aprendizaje donde el diálogo sea real, donde la diversidad no se celebre solo en un cartel, y donde los estudiantes desarrollen esa capacidad de asombro y de indignación frente a lo que duele, excluye e invisibiliza.
Te comparto esto porque sé que a veces las exigencias administrativas y la presión de los contenidos nos hacen olvidar el sentido profundo de nuestro trabajo. Pero el Plan de Estudio 2022 nos está dando una brújula: no se trata de llenar cabezas con información, sino de formar personas que sepan mirar críticamente su realidad, que valoren el conocimiento por sí mismo y que se comprometan con los demás desde el diálogo y la diversidad.
🔗 Recursos del video
Si este tema te interesa y quieres profundizar en cómo llevar el pensamiento crítico a tu planeación, te invito a que veas el video completo. Ahí explico más aspectos de este eje articulador y te doy algunas ideas prácticas para tu programa analítico. También te recuerdo que tengo un video sobre el Programa Analítico paso a paso que puede ayudarte a aterrizar todo esto en tu contexto escolar.
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