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lunes, 29 de junio de 2015

Aventuras de Pinocho Carlo Collodi

ALEX DUVE
tomada de: http://image.casadellibro.com/a/l/t0/45/9788499891545.jpg
Un clásico que solamente lo conocía por cuentos cortos, o por la película, pero que el libro sin duda es mejor, recomendado para leerlo con alumnos.

Capítulo 1 - De cómo el carpintero maestro Cereza encontró un trozo de madera que lloraba y reía como un niño.

Pues señor, había una vez...
¡Un rey! dirán enseguida mis pequeños lectores. Pues no, muchachos nada de eso. Había una vez un pedazo de madera.

Pero no un pedazo de madera de lujo, sino sencillamente un leño de esos con que en el invierno se encienden las estufas y chimeneas para calentar las habitaciones.

Pues, señor, es el caso que, Dios sabe cómo, el leño de mi cuento fue a parar cierto día al taller de un viejo carpintero, cuyo nombre era maestro Antonio, pero al cual llamaba todo el mundo maestro Cereza, porque la punta de su nariz, siempre colorada y reluciente, parecía una cereza madura.

Cuando maestro Cereza vio aquel leño, se puso más contento que unas Pascuas. Tanto, que comenzó a frotarse las manos, mientras decía para su capote: ¡Hombre! ¡Llegas a tiempo! ¡Voy a hacer de ti la pata de una mesa!

Dicho y hecho; cogió el hacha para comenzar a quitarle la corteza y desbastarlo. Pero cuando iba a dar el primer hachazo, se quedó con el brazo levantado en el aire, porque oyó una vocecita muy fina, muy fina, que decía con acento suplicante:

¡No! ¡No me des tan fuerte! ¡Figúrense cómo se quedaría el bueno de maestro Cereza! Sus ojos asustados recorrieron la estancia para ver de dónde podía salir aquella vocecita, y no vio a nadie.

Miró debajo del banco, y nadie. Miró dentro de un armario que siempre estaba cerrado, y nadie. En el cesto de las astillas y de las virutas, y nadie. Abrió la puerta del taller, salió a la calle, y nadie tampoco. ¿Qué era aquello?
Ya comprendo, dijo entonces sonriendo y rascándose la peluca. Está visto que esa vocecita ha sido una ilusión mía.
¡Reanudemos la tarea! Y tomando de nuevo el hacha, pegó un formidable hachazo en el leño. ¡Ay! ¡Me has hecho daño!, dijo quejándose la misma vocecita.


Esta vez se quedó maestro Cereza como si fuera de piedra, con los ojos espantados, la boca abierta y la lengua de fuera, colgando hasta la barba como uno de esos mascarones tan feos y tan graciosos por cuya boca sale el caño de una fuente.

Se quedó hasta sin voz. Cuando pudo hablar, comenzó a decir temblando de miedo y balbuceando:
Pero, ¿de dónde sale esa vocecita que ha dicho ¡ay!? ¡Si aquí no hay un alma! ¿Será que este leño habrá aprendido a llorar y a quejarse como un niño? ¡Yo no puedo creerlo!


Este leño... ¡Aquí está: es un leño de chimenea como todos los leños de chimenea: bueno para echarlo al fuego y guisar un puchero de habichuelas! ¡Zambomba! ¿Se habrá escondido alguien dentro de él? ¡Ah! Pues si alguno se ha escondido dentro, peor para él. Ahora le voy a arreglar yo.

Y diciendo esto agarró el pobre leño con las dos manos, y empezó a golpearlo sin piedad contra las paredes del taller.

Después se puso a escuchar si se quejaba alguna vocecita. Esperó dos minutos y nada; cinco minutos, y nada: diez minutos, y nada.

Ya comprendo, dijo entonces tratando de sonreír y arreglándose la peluca. Está visto que esa vocecita que ha dicho ¡ay! ha sido una ilusión mía ¡Reanudemos la tarea!

Y como tenía tanto miedo, se puso a canturrear para cobrar ánimos. Entre tanto dejó el hacha y tomó el cepillo para cepillar y pulir el leño. Pero cuando lo estaba cepillando por un lado y por otro, oyó la misma vocecita que le decía riendo:

¡Pero hombre! ¡Que me estás haciendo unas cosquillas terribles! Esta vez maestro Cereza se desmayó del susto. Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró sentado en el suelo. ¡Qué cara de bobo se le había puesto! La punta de la nariz ya no estaba colorada; del susto se le había puesto azul.

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ALEX DUVE / Autor & Editor

Blogger y amante de la educación. AlexDuve por una educación integral

Coprights @ 2016, AlexDuve Editado | Por AlexDuve